por The Ayurveda Experience junio 19, 2015
La meditación no es algo que se hace. Es una fusión de consciencia y forma.
Cerrar los ojos y concentrarse en la respiración no es meditación.
La meditación es la fusión de la conciencia del meditador y el objeto de meditación. Unirse con la conciencia universal —la Madre, Dios, el Espíritu, como se le quiera llamar— es el estado de meditación.
Incluso hablando de meditación, no podemos comprenderla ni analizarla para acercarnos a la experiencia. Sin embargo, este estado se puede experimentar de infinitas maneras. Algunas personas conectan a través de la escalada, el buceo, la escritura, el baile, contemplar el océano o estar con sus hijos.
No existe una manera correcta o incorrecta de ser.
He pasado años sentado en el suelo con las piernas cruzadas, concentrándome en mi respiración, a veces muy agitado con mi "mente de mono" saltando aquí, allá y en todas partes; y a veces deslizándome hacia un estado de extrema paz y quietud, sintiendo el pulso del universo.
Esta es la práctica de la meditación.
Hace años, fui a un retiro de meditación en silencio de 10 días. ¿Estaba extasiado, levitando y en comunión con Dios? No, fue agotador. Me dolían las rodillas, la espalda y ansiaba la hora de comer.
Lo que sí aprendí fue cuánto desperdiciaba mi ego o personalidad con charlas sin sentido y respuestas habituales. Vi la yuxtaposición entre estar en silencio y no mirar a nadie durante diez días y lo conectada y amada que me sentía, en contraste con estar en la bulliciosa ciudad, viendo a tanta gente y sintiéndome tan sola.
Al sentarnos en silencio, podemos observar las tendencias y locuras de la mente y, por lo tanto, obtener cierta perspectiva de que nuestros pensamientos están, de hecho, separados de quienes somos.
Pero si no somos nuestros pensamientos ni siquiera nuestras emociones, entonces ¿quiénes somos?
Esta es una pregunta que los seres humanos se han estado haciendo desde tiempos inmemoriales y que debemos seguir haciéndonos.
La vida se siente tan personal. ¡Yo, mía, mía!
Si eres tú quien piensa entonces ¿en qué estabas pensando el pasado jueves a las 2:15 pm?
Sentarse a meditar es utilizar la herramienta de aquietar el cuerpo junto con una técnica para entrenarnos a soltar los fuertes apegos y la identificación con la idea de quiénes somos, aunque sea por unos minutos.
Los espacios entre pensamientos son donde reside la magia y la belleza. Son esos momentos en los que experimentamos paz y seguridad, al recordarnos que no estamos solos en nuestra lucha por sobrevivir.
El universo no quiere que suframos. Quiere que despertemos al poder, la creatividad y la alegría que somos. Nos invita constantemente a recordar que somos un alma en un cuerpo, flotando en un mar de consciencia a través de esta magnífica y misteriosa expresión de la vida.
No es necesario que dediques mucho tiempo de tu día a la meditación.
Incluso 5 a 10 minutos de práctica diaria tendrán un efecto profundo en su bienestar físico, mental y emocional, así como en la forma en que experimenta su vida.
Foto: Unsplash.com
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